En publicidad, tener ideas no es el problema. Ideas hay muchas, todos los días, en todas las mesas y libretas. Los creativos tenemos una carpeta en ele escritorio de la computadora llena de keynote con ideas que nos gustaría hacer.
El verdadero reto aparece después, cuando hay que responder una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Esta idea es realmente buena o solo me gusta a mi?
Porque en creatividad, que una idea nos emocione internamente no siempre significa que vaya a funcionar afuera. Y aprender a evaluarla con criterio es lo que separa una buena ocurrencia de una gran idea de campaña.
Una buena idea se tiene que entender rápido, la primera prueba es simple: claridad.
Si necesitás más de un minuto para explicar la idea, probablemente no esté lo suficientemente clara, existe un ejercicio llamado el Tweet, si podes explicar tu idea en 180 caracteres, tiene claridad y entendimiento, sino mejor desechada. Si depende demasiado del contexto, de una ejecución específica o de “cuando lo vean completo lo van a entender”, OJO ahí hay una alerta.
Las buenas ideas se entienden rápido porque parten de una verdad simple.
Las buenas ideas no confunden, no se justifican, no se defienden con slides.
Una buena pregunta para el equipo es: ¿Podríamos explicar esta idea en una sola frase sin perder su esencia? Si la respuesta es no, todavía hay trabajo por hacer.
Una buena idea conecta con una verdad real. Las ideas fuertes no nacen del ingenio puro, nacen de insights reales, de algo que las personas viven, sienten o enfrentan. Cuando una idea está desconectada de la realidad, se nota. Y esta idea y puede ser creativa, bien producida, incluso premiable… pero si no mueve a nadie ¿realmente funciona?
Si queremos saber que una idea funciona tenemos que hacernos estas preguntas con honestidad y dejando ese “orgullo creativo” de lado
¿Esto le pasa realmente a la gente?
¿La marca tiene permiso para hablar de esto?
¿La idea nace de una tensión real o solo de una frase ingeniosa?
Si no hay verdad, no hay conexión y sin conexión, no hay campaña valiosa, porque una buena idea le aporta algo a la gente. Las personas no están esperando publicidad, de hecho pagan muchas veces para no tener que ver publicidad y otras veces simplemente la toleran solo cuando les da algo a cambio. Es por eso que una buena idea/campaña debe de aporta valor de alguna forma:
Si la idea solo habla de la marca, del producto o de lo increíble que es la campaña, es probable que no sea tan buena como creemos.
Hacete una pregunta honesta:
Si la respuesta es “nada”, ahí está el problema. Una buena idea puede vivir en más de un formato Una idea fuerte no depende de una sola ejecución espectacular.
Funciona en digital, en exterior, en un post, en un titular o incluso contada en voz alta.
Si una idea solo funciona en un formato específico, puede que lo que sea bueno no sea la idea, sino la ejecución.
¿Funcionaría como un post simple?
¿Se entendería en una valla?
¿Podría adaptarse a distintos momentos del journey?
Las buenas ideas son flexibles, no se rompen cuando cambian de medio. Una buena idea provoca una reacción No todas las ideas tienen que ser virales, pero sí deberían provocar algo como una risa, que la personas seIdentifiquen, empatía, conversación, curiosidad e incluso incomodidad. La indiferencia es el peor resultado posible, si la reacción más probable es “ah, ok” y seguir scrolleando, la idea necesita más fuerza, porque una buena idea resiste las preguntas más duras.
Antes de aprobar una idea, hacete esta prueba final:
¿Si esta idea no fuera para esta marca, seguiría siendo interesante?
Si la idea podría ser de cualquier marca, probablemente no esté bien anclada.
Las mejores ideas nacen del cruce entre una verdad humana y una verdad de marca.
No se sienten forzadas. Se sienten naturales.
Al final, una buena idea no se defiende, se siente Las ideas realmente buenas no necesitan demasiada explicación. Las buenas ideas generan una reacción inmediata, incluso en silencio.
Como publicistas y creativos, nuestro trabajo no es solo generar ideas, sino aprender a reconocerlas, pulirlas y, cuando hace falta, dejarlas ir. Porque al final, una campaña no se mide por lo bien que la defendimos en una presentación, sino por lo que logró despertar en la gente.
Y las ideas que valen la pena…
se notan.
Agendá una cita aquí. ¡Y crezcamos juntos!
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